Él la llama (desde el medio del colectivo) - Laura, Laura!
Laura dice que no con la cabeza y medio bajito. (sentada desde los asientos del final).
Pienso. ¿Qué me impide ser Laura?
Si yo pudiera ir y sentarme ahí, al ladito de él, intercambiar roles con Laura solo por el momento del viajecito.
Pilar - Palermo. Palermo - Pilar.
Muchas Lauras enojadas, y yo no estoy enojada, pero me gustaría llenar esos vacíos cotidianos de los otros, actuar de Laura, hacerle mas ameno el viaje a aquel que llama a la otra, que en ese momento no está disponible.
Como actores voluntarios de la nueva era, bomberos buscadores de la falta.
¿Qué pasaría si todos los días intercambiáramos disponibilidades y fuéramos para un extraño y por un ratito lo que este necesita? Un brazo, un micrófono, un sentarme al lado, un beso en la mejilla, una voz, un abrigo, una puesta a punto renovada.
De repente me doy cuenta que hace como 10 min. le estoy dando vueltas al asunto reflexivo y me levanto, sigilosa, me muevo por el pasillo estrecho del colectivo 57 para que Laura no se de cuenta y me siento al lado del él.
Hace de cuenta que soy Laura, le digo bajito.
- ¿Cómo? (el hombre alcanza a balbucear). Que hagas de cuenta que soy ella. La que está sentada ahí atrás. Que la llamaste y vine yo. Llená ese espacio que Laura dejo con mi cara. Dejate llevar por un rato vas a ver que no está tan mal. Él seguía sin entender y buscaba la mirada de Laura al final del pasillo, con los ojos semi desorbitados, buscaba. Fue ahí cuando le pedí que me mirase fijo, que se acercara a mí lo mas que puediera acercarse a un extraño, o a Laura-Extraña que en ese caso venía a ser yo. Después de un rato de mirarme raro, como si no le importara, se calmó. Me agarró fuerte de la mano y me dio un beso despacito y en silencio.